El talismán (1888). Paul Sérusier.

Óleo sobre Madera. 27 cm x 21 cm.
Museo de Orsay. París, Francia.

Paul Sérusier se establece una temporada en 1888 en Pont-Aven, el lugar donde pasan los veranos los artistas con limitados recursos económicos.

Aprende mucho de Gauguin y de Émile Bernard (quien fascina a todos con su técnica llamada “cloisonismo”, donde el color se compartimenta rodeado de bordes negros como en los antiguos vitrales de la Edad Media).

Entre los famosos consejos que le da Gauguin, de donde sale esta obra pintada sobre la tapa de una caja de cigarros, está aquél donde le propone que pinte sin imitar la realidad, que pinte las cosas de acuerdo a cómo las siente, a la emoción que le producen.

Y, por supuesto, también le aconseja no temer a los colores, a usarlos con absoluta confianza para expresar sus estados de ánimo: si ve que algo puede ser amarillo, que use entonces el amarillo más estridente que encuentre; o si ve una sombra azul, que la pinte tan azul como le sea posible.

Sérusier pinta esta obra y la llama originalmente El bosque del amor. Con un entusiasmo desbordante vuelve a París con ese tesoro que representa todo lo nuevo (ese talismán, o la “caja mágica”, como le dirán más adelante). Y una vez que se la muestre a sus amigos pintores, decidirán fundar el grupo de los nabis (“profetas”, autoproclamados así porque anunciarán al mundo las nuevas ideas e inquietudes que cambiarán el arte).

Observemos en esta obra el espíritu de síntesis (en definitiva, es una abstracción que representa un bosque con una casa, el río y los reflejos sobre su superficie), y también el uso de colores intensos que no se condicen con la realidad.

Maurice Denis, uno de los principales representantes del grupo nabi, explica que observar esta pintura les produce a él y sus colegas un verdadero deslumbramiento, ya que los “libera” como pintores, decretando que ya no están más “obligados” a copiar la naturaleza.

Años después, la historia del arte reconocerá esta pequeña obra, pintada humildemente sobre la tapa de una caja de cigarros como decíamos, un verdadero manifiesto que proclama el nacimiento de la pintura pura y abstracta.

Vía: 3Minutos de Arte

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