Baldomero Lillo: El cronista que retrató las cicatrices de la clase obrera

A 159 años de su nacimiento en Lota, recordamos al autor de «Sub Terra». Su pluma no solo creó literatura, sino que denunció la cruda realidad de un sistema que explotaba la vida bajo la tierra para alimentar el progreso de unos pocos.

Cada 6 de enero, la memoria de las barriadas y de los socavones se ilumina para recordar a Baldomero Lillo. Nacido en 1867 en la ciudad minera de Lota, Lillo no fue un escritor de salones elegantes ni de prosas vacías; fue el hombre que bajó a las profundidades de la tierra para extraer, con palabras, el dolor y la dignidad de los trabajadores del carbón.

El espejo de la explotación

Crecer en Lota marcó a fuego su visión del mundo. Hijo de un empleado de la compañía minera, Baldomero observó desde niño cómo el polvo negro se metía en los pulmones de los mineros y cómo la injusticia social se normalizaba en los almacenes de la compañía (las pulperías).

Su obra cumbre, «Sub Terra» (1904), fue un terremoto cultural. A través de relatos como La compuerta número 12 o El pago, Lillo rompió el romanticismo de la época para mostrar la violencia del sistema capitalista chileno de principios del siglo XX. En sus páginas, el minero no era un personaje pintoresco, sino un ser humano atrapado en un ciclo de miseria, sacrificado por un desarrollo que nunca le perteneció.

Más allá del carbón: La vigencia de su denuncia

Si bien la minería es el centro de su trabajo más conocido, en «Sub Sole» Lillo expandió su mirada hacia los campesinos y la vida rural, manteniendo siempre esa mirada crítica contra el abuso de poder. Sus historias no buscaban solo entretener, buscaban generar una conciencia social en un país que miraba hacia otro lado mientras sus trabajadores morían de hambre o por accidentes evitables.

Hoy, la obra de Lillo sigue siendo dolorosamente actual. En un continente donde el extractivismo y la precariedad laboral siguen siendo temas de debate, leer a Baldomero es recordar que la literatura puede y debe ser una herramienta de transformación. Su legado nos enseña que, mientras exista una injusticia, la palabra tiene el deber de denunciarla.

Hoy celebramos al hombre que puso el cuerpo y la tinta para que el grito de los de abajo nunca fuera silenciado por el olvido.

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