Emergencia ecológica en el Bío Bío: Incendios forestales arrasan bosques y amenazan flora y fauna
Los incendios forestales que desde mediados de enero azotan la Región del Bío Bío han evolucionado en una de las mayores crisis ambientales de los últimos años, consumiendo decenas de miles de hectáreas de bosques y vegetación nativa, devastando hábitats de flora y fauna, y generando profundas preocupaciones por el equilibrio ecológico de la zona.
Según los últimos reportes de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), la Región del Bío Bío concentra varios de los focos más extensos del país, con incendios como Trinitarias, Rancho Chico y Rucahue Sur que han avanzado sobre más de 26.000 hectáreas sólo en esta región, y que continúan activos pese a los esfuerzos de combate en terreno.
Un balance que alarma a científicos y comunidades
Las cifras oficiales reflejan que los incendios activos en la zona centro-sur han sido especialmente destructivos. CONAF ha reportado 24 a 30 incendios forestales en combate en varias regiones, muchos de ellos con alerta roja por comportamiento extremo del fuego, y con un avance de miles de hectáreas en pocos días.
A nivel nacional, la temporada 2025-2026 ha mostrado un patrón preocupante: aunque el número de siniestros puede ser menor que en años recientes, la superficie quemada se ha disparado, casi triplicando el daño de periodos anteriores. Esto sitúa al Bío Bío y regiones cercanas como epicentros de una emergencia ambiental que trasciende cifras humanas y económicas.
Flora y fauna en riesgo
Los bosques del Bío Bío albergan ecosistemas ricos en biodiversidad, desde maravillosos robledales y coigües hasta especies de fauna endémica como el monito del monte y diversas aves forestales. La rápida propagación del fuego ha destruido tanto árboles nativos como matorrales y vegetación de sotobosque, estructuras que funcionan como refugio y alimento para muchas especies. La pérdida de biomasa y la alteración de suelos puede implicar decenas de años de recuperación ecológica, afectando también corredores biológicos y reservas naturales cercanas.
Además, el escape de humo y partículas finas a la atmósfera no sólo afecta la calidad del aire humano, sino que impacta funciones ecológicas clave, como la fotosíntesis y la polinización, poniendo en riesgo la supervivencia de especies sensibles al estrés ambiental.
Quemas controladas y prevención: una polémica abierta
Uno de los factores que ha vuelto a poner en agenda la discusión sobre incendios forestales es el manejo del uso del fuego para quemas controladas. En la Región del Bío Bío, CONAF ha restringido completamente el uso del fuego para quemas controladas de desechos agrícolas y forestales desde fines de 2025 y hasta nuevo aviso, precisamente para evitar que estas prácticas terminen en siniestros incontrolados en épocas de alta vulnerabilida
Este tipo de planes —que en otras temporadas permiten la eliminación de vegetación residual bajo condiciones técnicas y supervisión— se ha visto limitado por el alto riesgo meteorológico (altas temperaturas, baja humedad y vientos fuertes), lo que ha generado debate entre organizaciones ambientalistas, silvícolas y comunidades rurales sobre cómo equilibrar la prevención con la gestión del territorio.
Cambio climático y futuro de los bosques
Expertos en medio ambiente advierten que eventos como los que vive hoy el Bío Bío son cada vez más frecuentes e intensos debido a las olas de calor prolongadas, sequías persistentes y patrones de viento más extremos, asociados al cambio climático. La conjunción de estos factores ha convertido a grandes superficies de vegetación en material altamente combustible, reduciendo las barreras naturales que antes ayudaban a contener la propagación de incendios.
La recuperación post-incendio —en términos ecológicos y sociales— requerirá no sólo esfuerzos de reforestación y restauración de suelos, sino políticas públicas que integren la gestión del fuego, protección de biodiversidad y adaptación al cambio climático.






